LAS PATOLOGIAS DEL EXCEDENTE. Por Fabián Allegro
Asistimos a una cultura donde la vertiente de lo económico no deja de formular cambios paradigmáticos. Cuando digo “lo económico” me refiero, por un lado, a la incidencia de un economicismo mercantilista que toma lógica en una predica capitalista que se sostiene en la desmesura global y por otro lado, a la incidencia de esa práctica anómala sobre una economía, de otro orden, que aloja la subjetividad en el terreno de lo propio que podríamos llamar: la economía del aparato psíquico. Actualmente transitamos lo que podemos llamar postmodernidad, segunda modernidad, modernidad liquida etc. Sin embargo hay un rasgo que quiero formular, es la incidencia cada vez mayor en la cultura de la manifestación de lo que podemos tomar como: excedente. Podríamos decir que habitamos una: cultura del excedente.
Uno podría preguntarse si todo consumo es patológico. Considero que un consumo es patológico si lo que reporta es un excedente y cuando todo el sentido del goce al que remite el consumo se dirige, no al objeto que se consume, sino exclusivamente a ese excedente. La renovación infinita de la búsqueda de ese plus es la base del recurso del sujeto que queda ligado al objeto de consumo en una parte maldita de la relación. No se pretende con este trabajo resolver el núcleo de las relaciones adictivas, pero por lo pronto contribuir a pensar una modalidad clínica de presentación sintomática que me gustaría llamar, con cautela, patologías del excedente. Esta modalidad sintomática se presenta y se observa si se toma como clave de lectura, no sólo las alteraciones que pueden establecerse en torno a la dialéctica del deseo, sino, principalmente, en las particularidades de las alteraciones de la economía psíquica.
La sociedad actual es una sociedad en donde se privilegia la vertiente del excedente. El excedente es un invento moderno. La modalidades de acción, en relación con esto, no solamente hacen culto al excedente sino que son promotoras del mismo. Creo que la posmodernidad es una radicalización de la modernidad y en ese sentido la posmodernidad es la puesta en juego del excedente de la modernidad. En dichos términos, la promoción del excedente hace de la subjetividad posmoderna una subjetividad alienada a principios de una economía que es ajena a la vertiente de economía psíquica. Si la sociedad globalizada pretende promover un falso equilibrio en el intercambio mercantil del capitalismo dicha propuesta es constantemente puesta en jaque por la emergencia anómala de las manifestaciones de las distorsiones generadas por la plusvalía. Estas manifestaciones anómalas no solo repercuten nivel social o cultural sino a nivel clínico y patológico.
Marx llama la plusvalía a un excedente no valuado de la producción en relación con un valor de trabajo o de uso. Es aquello que de dicho valor no es valuado por el valor de cambio. La plusvalía obedece a la ilusión que implica que ella puede ser acumulada y por lo tanto gozar de su acumulación. Pero lo que puede ser una práctica en la vertiente de la economía mercantilista no tiene el mismo resultado al nivel de la economía psíquica. Desde la vertiente de la economía psíquica podría pensarse que el valor de goce, que se desprende del valor de uso debería ser valuada bajo el eje del placer. Pero no es tan así, el placer como clave de valoración promueve en el mayor de los casos un lugar para el excedente. La clave que debe acentuarse es la del deseo.
Podemos llamar a esta cuestión excedente siguiendo una lógica de la economía, Bataille la llama parte maldita. Un excedente no es un exceso en tanto el exceso es un excedente que ha trasgredido ciertos limites. Se confunde muchas veces excedente con exceso y con trasgresión y se considera que es necesario penar ese excedente porque es un exceso y porque el limite puede operar. Se piensa que hay un goce en la trasgresión por el lado del exceso. Pero la trasgresión solo puede operar como goce en tanto asegure un lugar para que opere un excedente.
Podríamos decir que, si se busca ese excedente en el consumo como intento de recuperación de algo que se ha perdido, esto podría dar lugar un engaño. Lo que se busca no se recupera por medio del consumo porque el consumo se guía por otras leyes. En realidad de lo que se goza patológicamente en el consumo es de ese excedente de por sí. Si se comienza por la vertiente fantasmática síntoma representación en un punto el efecto del excedente se autonomiza y la compulsión se centra exclusivamente en esa vertiente.
El excedente es lo que no entra en circulación en la vía del mercado, pone una dificultad a la economía psíquica ya que opera como un estorbo en la dialéctica del deseo. Por eso si uno cree que se reencuentra con el deseo por la vía de una demanda se equivoca. La demanda es una de las lógicas del consumo La demanda que opera en todo sentido se reduce a ser pulsional, casi en el límite del viviente que aniquila toda vertiente anímica para hacerla consistir con lo somático. En términos psíquicos el puro juego del excedente lleva a la reducción casi mortal de esa operatoria a límites casi absolutamente somáticos pulsionales. El cuerpo se involucra de tal manera que se borra casi todo rastro de deseo. El adicto, en su peor momento, es arrasado por su fundamentalismo de la búsqueda del grado cero del puro excedente.
Se podría pensar que la oferta hace a la demanda, pero en realidad en la lógica de las patologías del consumo no hay una oferta verdadera sino que hay una demanda que genera demanda. El mercado, en su vertiente más acérrima, busca producir adicción, no tanto por el objeto, sino por el excedente. El intercambio es solo un medio. La modernidad da lugar a construcción de excedentes en varios ordenes, como por ejemplo la razón por la razón misma vinculándose al efecto de razón instrumental. También la ciencia, con la consolidación del objeto tecnológico promueve un lugar privilegiado para la construcción de nuevos excedentes. No sólo el mercado es solidario a la creación de excedentes, la religión, la ciencia y cualquier tipo de ascetismo también lo es.
En la actualidad asistimos a una serie de patologías que tienen un denominador común en esta modalidad economía como patologías del excedente podríamos encontrar:
1- Las patologías del consumo, en donde lo que se consume no es el objeto sino que se tiende a la búsqueda desmesurada del excedente por el excedente en si.
2- Adicciones llamadas también, impropiamente: “toxicomanias”
3-Algunos trastornos de la alimentación. La bulimia no es simetría con la manifestación de la anorexia.
4- Las adicciones al juego. Donde no se sabe muy bien que se pone en juego.
5- Las relaciones adictivas.
6- Algunas patologías del acto vinculadas principalmente a la violencia
7- Las manifestaciones de adicciones a situaciones de riesgo, etc.
Pero sin embargo hay un punto en donde esas diferencias se diluyen. Cuando uno habla del objeto tóxico uno podría pensar que el excedente recae sobre el objeto tóxico, pero, sin embargo, el excedente y por lo tanto la toxicidad no es algo que completa tanto al objeto sino al sujeto. El sujeto o aloja la toxicidad como excedente, y el objeto funciona como un quita penas. Se crea un falso circuito en donde la vertiente puede tomar un camino fantasmático, sintomático, ideal, o narcisista. La vía del encuentro con el excedente puede encontrar esos rasgos depositados sobre dicha vertiente. El objeto de consumo muchas veces actúa promoviendo un falso lugar al ser, o una formación de compromiso como vertiente el síntoma, o ser parte de una estrategia en la vía el fantasma, o compartir lugares identificatorios en la vía del Ideal, pero en la clínica del excedente la vía principal se produce por la medio del cuerpo. Eso es el punto donde se introduce una función entre excedente por la vía del efecto de plus de gozar teniendo en cuenta que no es lo mismo el excedente que el concepto lacaniano plus de goce. El concepto plus de goce es acuñado por Lacan para dar cuenta de una condición de posibilidad en la ubicación de otras formulaciones del goce. El plus de goce no es acumulación sino en todo, se establece sobre un efecto de pérdida o diferencia. El psicoanálisis “diferencia” porque hace entrar la diferencia por la vía del deseo y desaloja de todo lugar a cualquier práctica ascética. El error seria pensar que a nivel del aparato psíquico hay lugar para la dialéctica de la oferta y la demanda. La única oferta que puede operar en el psicoanálisis es la oferta de un deseo (del analista) que tienda a romper la particular enajenación del sujeto con la vertiente toxica del excedente
Presentado en Jornadas realizadas en el Senado de la Nación el 21 de noviembre de 2008
