TRAGEDIAS URBANAS. DESDE LO CRUEL A LO COTIDIANO
Fabián Allegro
La tragedia es la forma dramática por excelencia Lo trágico es diferente a la tragedia, ambas confluyen en un punto. Agamben dice que la dimensión propiamente trágica siempre emerge como una imposibilidad en el decir, si la tragedia se creo bajo la apariencia del dialogo es porque se constituye en el recurso para poder representar el silencio (escribe Rosenzweig). Ambas confluyen en un mismo eslabón, el punto donde hay un imposibilidad de representación. En el drama se accede totalmente a la representación (representaciones apolineas de acciones dionisiacas) no así en la tragedia. En la tragedia persiste un resto impuro que subyace en exceso. El drama puede cargarse de tristeza o dolor pero en la tragedia ese exceso es, a su vez desmesura.
Es muy probable que lo trágico tenga que partir no tanto del arte sino de la historia. Es el tiempo de la historia el que transforma algunos puntos determinantes de la misma en un tiempo trágico. Pero en una u otra dimensión del tiempo esta marcado por un punto. una inflexión. Llámese instante trágico, peripecia o acontecimiento histórico. Pero en ambos el efecto es el mismo, la disrupción una ruptura de la trama
Podría decirse: Que la escena política hoy escapa de la dialéctica de los grandes discursos y de las grandes determinaciones. Podría decirse: Que la escena política se a empequeñecido.
Podría decirse: Que la dimensión papel del estado se ha vuelto poco representativa. Podría decirse: Que la época se ha declarado como habiendo perdido sus ideales Podría decirse: Que se nos ha abierto una duda radical sobre el poder constituido Pero uno debería explicarse porque la escena cotidiana se ha vuelto tan eminentemente trágica. En los griegos la tragedia se ligaba a la desmesura, incluso existía un termino que servía para situarla, ese mismo término en la actualidad se suma al registro de lo innombrable por no tener traducción a las lenguas modernas. Ese término con un espíritu áspero se decía: hybris. Este término podría traducirse, pero solo en forma apaciguada, en la modernidad como desmesura, o anomia. Cualquiera fuera la relación que el griego tuviera con la hybris, cuando algo de esta se producía ya no había tristeza o duelo solo tragedia. Es probable que en la misma desmesura que se constituía en el caos inicial el griego haya percibido el germen de un espíritu de crueldad que anima al hombre. La guerra (polemos) para un filosofo trágico como Heraclito (valga la ironía nisztcheana) es lo que impulsa el ánimo de destrucción al mismo tiempo es el mismo que da origen al acto creador. Esto cobra vida en el arte, y particularmente en lo que constituye el punto crucial de la tragedia poética. Allí el mismo impulso es el que genera una conjunción , por un lado, entre la devoción oracular por el destino y ,por otro lado, la incertidumbre del viviente. Lo inconmensurable puesto en escena se ubicaba , no solo como peripecia, sino como lance patético, dice Aristóteles, que es cuando representaba una acción destructora o dolorosa a la que se ve sometido el héroe. Un muerte en escena. El espacio trágico de por si, como representación, se reserva para esta contingencia donde la muerte toma el protagonismo de la absoluto. Este indecible desmesurado (que no es mas que el reflejo de la inermidad del humano) siempre produjo temor .
Sin embargo los griegos eran muy cuidadosos. La escena trágica estaba doblemente velada, por un lado por la representación y por otro por la intermediación de una barrera conformada por el coro, el coro era la primera línea entre la representación y el espectador. Era sobre el que se efectuaba el efecto de reverberación de la escena trágica. El temor trágico quedaba mesurado con la compasión en la antigüedad,.
Posteriormente el hombre moderno encontró otra forma de leer lo trágico, condicionado por la alternancia de la pasión y la razón. El ocultamiento de Dios o el desconcierto de la razón podría promover la vía de lo trágico en el predominio de la subjetividad individual cuando se interponía el camino de la absurdo. La modernidad frente a la subjetividad es tragedia de la reflexión. El hombre moderno se caracteriza por la novela y la memoria. Lo trágico moderno fue el drama de la libertad contra el destino del que sale victorioso, el Espíritu en la glorificación del héroe.
Entonces el moderno trata de tomar el lugar del coro confrontado en dialogo directo con el oráculo, queriendo ocupar su lugar. Denotando una mayor cercanía, el temor se acompaña del temblor, la angustia o la desesperación.
Antiguamente el griego habitaba un lugar alto, al que lo llamaba polis, lentamente a partir de la conjunción de acciones y discursos que comportaban la realidad de la vida la polis se fue constituyendo como una realidad estaba inevitablemente ligada a la vida misma, la condicion vital no podia concebirse fuera de la polis, la vida solo era concebida como vida política (bios políticos). La traducción latina de polis griega es correlativa al de civitas. En la civitas latina tal vez reconozca un matiz del verbo cieo que significa tanto “poner en movimiento” e “impeler”, como “citar a alguien nominalmente”, con el nombre en el que lo reconoce el público. El ciudadano compartía una nominación en torno a un lugar no solo habitable sino dignamente vivible. Con sus derechos sus deberes, su pertenencia, quizás algunos privilegios.
En cambio el concepto de urbe latina solo rescata la particularidad inerte de lo espacial, en cuanto territorio a ser habitado. La urbe se define por la forma, por su estructura, por la piedra, sus calles sus foros. Urbs dícitur ab orbe, quod antiquae civitates in orbem fiebant. “Se llama urbe por el orbe (la redondez), porque las antiguas ciudades se hacían en redondo”. Una espacialidad que distanciaba un centro y una periferia. Se cernía a un puro imaginario geometral. La tragedia se produce en la vida cuando, en esta se rompe su trama. Esta trama se rompe no por una falta sino por la desmesura. Parecería que, actualmente, hubiese un retorno de dicha desmesura, que como exceso da la sensación de vivir sin tiempo y sin espacio. Lo irónico es que el temor que induce la desmesura se desmesura en si mismo, y este efecto lo llamamos pánico. En la modalidad de los mercados globales podemos encontrar la crueldad actual que inunda lo cotidiano, en la practica del utilitarismo desmedido, no en la individuación en cuanto a los deseos personales sino en lo que comúnmente se llama individualismo
La memoria pública actual es como un déjà vu, una experiencia donde prevalece la impresión de que el presente carece de dirección y que el futuro está cerrado. La experiencia es la de una detención de la historia porque el presente toma la forma del recuerdo, la sensación de haberlo vivido. Este fenómeno contemporáneo del déjà vu es una Por otro lado el espacio de la trama geográfica se ha roto, señala Virilio. La urbe se torna multicéntrica, rizomática y anónima. Se rompe la trama de la espacialidad tradicional de la ciudad. Lo marginal se introduce en el entramado de la ciudad.
Otra espacialidad denota una multiplicidad de la que emerge vectores de inseguridad. Una nueva geometría de la violencia. En si la nueva geometría es violenta. La urbe se organiza bajo los parámetros de la miedo y el pánico. No accedemos a lo trágico por medio de la representación vivimos en el escenario trágico. Nos hemos ha acercado ominosamente a la escena trágica se convive con ella, en ella.
Yo me aparto de Virilio. Creo que si bien la urbe a cambiado su fisonomía en relación al temor (barrios cerrados, seguridad privada , el Shopping, etc) también en el palimpsesto urbano se escribe otra dimensión, la de la memoria del dolor.
Platon en Fedro llamaba pharmakon a la escritura en relación a la memoria. La escritura era una forma de rememoración de la memoria, pero sosteniendo la paradoja de que la misma memoria es escritura. La urbe escribe en su entramado una memoria de los hechos. Pero el pharmakon es siempre un elemento ajeno, un suplemento, que sostiene una fundamental ambigüedad cierra, no sella, la brecha sigue abierta. Se ve entonces en la ciudad en cada sitio un recordatorio, un monumento, un templo, un espacio destinado a una rememoración.
Pero apartándome de Virilio creo que la urbe no se constituye como algo es algo muerto, mudándose en torno a la lógica el miedo, sino que algo retorna y da lugar al renacimiento de la civitas. Frente a cada hecho se alza en silencio, pero no en forma muerta sino en plena potencia la exigencia del recuerdo ahora a modo de escritura que presentifica un testimonio trágico, un sentimiento, un afecto. Tiene toda la fuerza de lo nubico y lo hierofánico, se constituye en un templo (léase AMIA, Museo de la Memoria, Cromagnon). Es casi un evento sagrado, un decir silente. Se levanta, emerge, porque el dolor no cesa, porque la pasión empuja, porque algo ha quedado abierto. No son alegorías, son formas expresivas puras. No es religión pero tiene un esbozo de ella, ya que lo que intenta es re-ligar.
Pero cuando en la urbe se escribe de esta forma ya deja de ser inerte, ya tiene vida, ya pertenece (a sus martires), ya la faz política ha cambiado.La gente sale a la calle, hay marchas y reclamos, la sociedad civil que se pone por encima o más allá de “la política” y asume el poder de decir no ante el Estado este es el germen de “la multitud”. Una modalidad que Spinoza reservaba para la definición en el sentido pleno de la palabra democracia.
Democracia es construcción, es acuerdo, experimentación de formas directas y extrarepresentativas que reducen la estructura del Estado porque inciden directamente con sus aparatos administrativos. Un retorno de lo político, sobre la base del ateismo político dice Virno yo agregaría partidario. Porque lo partidario nace de la partición el tomar partido, y aquí de lo que se trata es una forma de respuesta de la multitud, no solo en forma reactiva frente al dolor sino con un fuerza y un poder inherente aun deseo (spinozista) una anomalía salvaje que mueve a la misma.La teoría la multitud cambia la geometría de la hostilidad. El “amigo” no es meramente el que comparte el mismo “enemigo”; está definido por las relaciones de lazos que se establecen, no es anarquía Lo que se defiende como valor, no es la conquista del poder del Estado, sino salvaguardar dignidades propias de la vida.
